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Lima, 5 de abril de 2007 |
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¿Pontificia y católica? Por Jorge Alania Vera (*) A propósito de la polémica suscitada entre el Arzobispado de Lima y la Universidad Católica, es indispensable reproducir aquí partes esenciales de la Constitución Apostólica del Sumo Pontífice Juan Pablo II sobre Universidades Católicas publicada el 15 de agosto de 1990. En ella el Papa señaló que “toda Universidad Católica mantiene con la Iglesia una vinculación que es esencial para su identidad institucional…”. Escribió además que “…el objetivo de una Universidad Católica es el de garantizar de forma institucional una presencia cristiana en el mundo universitario…” comprometiéndose para ello en ser “fiel al mensaje cristiano tal como es presentado por la Iglesia”. También afirma: “Toda Universidad Católica debe mantener la comunión con la Iglesia universal y con la Santa Sede”. Finalmente y en sus Normas Generales señala textualmente: “Las presentes Normas están basadas en el Código de Derecho Canónico, del cual son un desarrollo ulterior, y en la legislación complementaria de la Iglesia, permaneciendo en pie el derecho de la Santa Sede de intervenir donde se haga necesario. Son válidas para todas las Universidades Católicas y para los Institutos Católicos de Estudios Superiores de todo el mundo”. Ante estas citas, y al margen del testamento de Riva Agüero y de su expresa voluntad, ¿alguien puede objetar la legítima preocupación del cardenal Cipriani como cabeza de la Iglesia peruana por tener voz y voto en su administración? Si la Universidad se denomina oficialmente pontificia y católica, ¿cómo puede sustraerse a esta Constitución papal? ¿Cómo puede argüirse que lo de católica es simplemente una gracia? Pero además de estas cuestiones de fondo, está la letra pero sobre todo el espíritu de un testamento, el de José de la Riva Agüero, que legó a la Católica sus bienes, entre ellos, el terreno en el cual actualmente se levanta su campus. No opinaremos aquí sobre los siempre controversiales aspectos jurídicos del documento. Lo que es inobjetable es que la voluntad de Riva Agüero era que la Universidad tuviera a perpetuidad en su administración a un representante del Arzobispado de Lima. No sólo por lo que expresamente dispuso sino porque, tratándose de Riva Agüero, un católico fervoroso y un hombre de Iglesia, no podía ser de otra manera. Que el actual Arzobispo no sea del agrado de la cúpula que administra la Universidad, no enerva la voluntad del testador. No se trata de Juan Luis Cipriani, sino del representante de la Iglesia que Riva Agüero quería que siempre formara parte de la administración de la Universidad. (*) Artículo de Jorge Alania Vera, columnista del diario “Expreso” publicado el 05 de abril del 2007. [Ver más notas de Prensa sobre el Legado Riva Agüero]
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